martes, 25 de septiembre de 2012

10415. Me fui a dormir con la cabeza muy revuelta

Begoña, Mercedes y Blas, 30 de noviembre de 2007
Foto: Gloria


16. No deseo marcharme sin cerrar este capítulo de mi vida

Una persona puede reflexionar durante toda su vida sin llegar a adquirir el conocimiento de sí mismo que la pasión de un momento vivido intensamente puede enseñarle.

¿Quién puede decir que se conoce a sí mismo?

Yo no puedo prever mis propias experiencias, ni adivinar que facultades o sentimientos desatarán en mí un objeto nuevo. No puedo preceder a mi propia experiencia ni adivinar que facultades o sentimientos desarrollaré mañana.

El pasado viernes me fui a dormir con la cabeza muy revuelta. Estaba convencido de que acaba de hacer historia, la historia de mi vida, pero no era consciente de que hubiera sido así. El día que durante tanto tiempo había estado esperando por fin había llegado y estaba a punto de finalizar. Estaba rendido de tantas emociones. Mi deseo por fin se había cumplido. Procuré relajarme. Enseguida me quedé dormido.

Al día siguiente, al despertarme, me parecía que solamente había tenido un ligero sueño, cuando la verdad es que había dormido toda la noche de un tirón.

Intenté recordar que era lo que había soñado; por más esfuerzos que hice no fui capaz de traer a la mente consciente nada más que nebulosos detalles emergentes de las profundidades de mí ser.

Volví a la realidad, atravesé la región vecina de la vida. Seguía escuchando los rumores, vagos ya, casi imperceptibles, deformados. Aterricé bruscamente en el despertar.

El día anterior había estado cargado de emociones. Recordaba haber disfrutado de una gran fiesta de despedida, en mi último día de trabajo en CESA. Apenas podía acordarme de los momentos que había vivido. No era capaz de rememorar la individualidad de lo que pasó.

Todo se había fundido en mi cabeza en un bloque compacto. Sentía haber respirado un sentimiento de alegría, que velozmente se había contagiado a todos los presentes en la celebración de mi homenaje.

¿Vendrás el viernes a mi despedida?

-Sí, no faltaré.

Esta era la pregunta que yo había hecho a mis compañeros de trabajo. Todos habían contestado que sí, que no faltarían.

Y efectivamente, allí estuvieron al completo. Hoy quiero agradecerles que no faltaran, que me arroparan con su presencia en el momento delicado de la despedida.

La semana pasada no quise dar nombres, pero hoy sí. No deseo marcharme sin cerrar este capitulo de mi vida. Sin dejar de mencionar mi agradecimiento a: Santiago Córdoba Gómez, Gloria Castillo Muñoz, Alberto Isidro Martínez, Luis Recio Alcántara, Begoña Cogolludo Sobrino, Pedro Antonio Martínez Rello, Marisa López Pedregal, Manuel Serrano Herrera, Mercedes García Álvarez…

Gracias a todos por los momentos tan felices que me habéis hecho pasar. Hasta siempre.



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71. Subía ella por la Plaza del Ayuntamiento, con su capazo de ropa apoyado en la cabeza. El agua le bajaba por la cara, empapándole la camiseta.

70. A mi abuela Serafina el trabajo se le acumulaba y no llegaba a tiempo de atender a sus diez hijos varones

69. Pidieron reunirse con Pedro de la Cruz, el Juez Árbitro, para proponerle que se cambiara la salida, que se corriera a favor del viento

68. Las piernas me pesaban como el plomo. Los brazos los movía sin control. La alegría de irme solo la pagué muy cara. Ya era tarde para rectificar

64. “El boina” nos había dicho que si no marchábamos bien nos descalificarían. El juez Arbitro Nacional Fermín Bracicorto, nos iba a controlar

61. Al estar situado cerca de la Ciudad Universitaria y del INEF, era el lugar idóneo, cuando no queríamos bajar a la Casa de Campo

54. El bigotes ganó la partida y el Campeonato. El premio que obtuve fue un tablero de ajedrez que habíamos comprado entre todos los participantes

53. No quería nada más que correr frenéticamente hasta no poder más, enfrentándome a la soledad y a la reflexión del atleta que trabaja muy duro

52. A medida que el tiempo iba pasando la fatiga aumentaba y el cansancio se apoderaba de nosotros, pero teníamos que continuar como pudiéramos

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38. Había un jugador que me tenía realmente fascinado, este era el cubano Capablanca, que se había proclamado Campeón Mundial en el año 1921