sábado, 8 de septiembre de 2012

5445. Lo veía y no podía creerlo, el cronómetro se había parado en 10 segundos y 6 décimas. El récord de España, que tenía José Luis Sánchez Paraíso, de Salamanca, estaba en 10.4



4. Me crucé con Pepe El Cartero

Por aquellos años, cuando encendían las farolas de las calles, nosotros, los más jóvenes, decíamos: han dado la luz al pueblo.
No había pasado mucho tiempo, desde que aquella señal nos indicara la hora para volver a nuestras casas, a recogernos.
El día posterior a la vuelta de mi viaje por la Capital, yo esperaba a que se encendieran las luces, para iniciar una aventura por la calle Barón del Solar.
Había medido en la calzada 100 metros, con pies de 28 centímetros, que era la medida de mis zapatos.
Esperé hasta que la calle estuvo solitaria, para iniciar, desde la puerta de la casa de mis abuelos, una carrera que a mí me pareció meteórica y que finalizó cien metros después.
Me crucé con Pepe El Cartero, que volvía a su casa, y me miró con cara estupefacta, sin decir nada, pero es muy posible que pensara que yo estaba loco, que no había ningún motivo para que corriese de aquella manera.
Enseguida aprendí las voces que daba el juez de salida en las carreras de velocidad: a sus puestos, listos y ya, que era equivalente al disparo de fogueo que se realizaba en las competiciones.
Lo veía y no podía creerlo, el cronómetro se había parado en 10 segundos y 6 décimas. El récord de España, que tenía José Luis Sánchez Paraíso, de Salamanca, estaba en 10.4.
Me tomé un buen rato para recuperarme del esfuerzo, y cuando comprobé que la calle volvía a estar despejada, que no venía nadie, me lancé a todo correr, como alma que persigue Mefistófeles. 11.2 y nueva señal de incredulidad.
Tenía las piernas doloridas del esfuerzo, así que opté por no hacer más intentos por esa noche. Volví a mi casa. Mi padre estaba profundamente dormido, sus ronquidos se escuchaban con bastante claridad. Mi madre, en voz muy baja, me dijo que cerrara la puerta, que echara la cadena.
Aquella noche me costó mucho dormirme. Los pensamientos se agolpaban en mi cabeza, volvía a visualizar la salida, la carrera, la lectura del tiempo realizado a la luz de la farola que estaba en la puerta de la Escuela de Las Escalericas. Algo se había revuelto en mi interior, lo recordaba y no me lo creía. Serían ciertos los tiempos que había tomado, no era posible, algo debía estar haciendo mal. No podía fiarme de las apariencias.
La distancia estaba bien medida, el cronómetro era nuevo, que había pasado… Me dormí placidamente, como un ángel...

El día 20/05/1975, en Albacete, Fernando Rodríguez Navarro (Navarro), realizó un tiempo de 11 segundos 1 décima, en la distancia de 100 metros lisos.
Esta marca fue igualada, el 15/04/1977, en San Javier, por su compañero, del club Atlético Getafe, Fernando Rodríguez Bautista (El Velo).

5445. Lo veía y no podía creerlo, el cronómetro se había parado en 10 segundos y 6 décimas. El récord de España, que tenía José Luis Sánchez Paraíso, de Salamanca, estaba en 10.4

5416. Nos alojamos en un Hostal del centro, y en la primera ocasión que tuve convencí a mi tío y a mi primo para que me acompañaran a la Relojería

5405. Dejé, encima de la cama, la maleta de madera, que cuatro años antes me había hecho el carpintero de mi pueblo, para viajar a Barcelona

5401. Eran las siete de la mañana, del día dos de septiembre del año 1965, cuando mi padre y yo caminábamos en silencio por la calle Barón del Solar

69. Pidieron reunirse con Pedro de la Cruz, el Juez Árbitro, para proponerle que se cambiara la salida, que se corriera a favor del viento

68. Las piernas me pesaban como el plomo. Los brazos los movía sin control. La alegría de irme solo la pagué muy cara. Ya era tarde para rectificar

64. “El boina” nos había dicho que si no marchábamos bien nos descalificarían. El juez Arbitro Nacional Fermín Bracicorto, nos iba a controlar

61. Al estar situado cerca de la Ciudad Universitaria y del INEF, era el lugar idóneo, cuando no queríamos bajar a la Casa de Campo

54. El bigotes ganó la partida y el Campeonato. El premio que obtuve fue un tablero de ajedrez que habíamos comprado entre todos los participantes

53. No quería nada más que correr frenéticamente hasta no poder más, enfrentándome a la soledad y a la reflexión del atleta que trabaja muy duro

52. A medida que el tiempo iba pasando la fatiga aumentaba y el cansancio se apoderaba de nosotros, pero teníamos que continuar como pudiéramos

41. Muchos rostros nos dejan una profunda huella y otros nos son totalmente indiferentes. Para mí Carlos Pérez de Guzmán fue una persona excepcional

38. Había un jugador que me tenía realmente fascinado, este era el cubano Capablanca, que se había proclamado Campeón Mundial en el año 1921

27. Me fui a dormir con la cabeza muy revuelta. Estaba convencido de que acaba de hacer historia, la historia de mi vida

25. No me voy a ir de CESA, como tampoco me he ido de CASA. Me llevaré muchos agradables recuerdos que espero me acompañen durante toda mi vida

24. Conseguimos un acercamiento que se rompió con la distancia y los nuevos compromisos y responsabilidades que yo adquirí en mi nuevo destino

23. Seguí bajando a entrenar al SEU y al INEF, ahora con más asiduidad, porque ya me sentía parte de un grupo que me arropaba y ayudaba

22. En la calle Barón del Solar de Fuente Álamo, mi abuelo Blas, padre de mi padre, le había dejado un trozo de bancal que tenía junto a la casa

20. En la “cuadra del boina” estaban Pedro Molero, Adolfo Gutiérrez, Arturo Santurde, Ángel Santana, Pepe Verón (el Maño), José Luis García…

19. Que abráis vuestros álbumes y me enviéis aquellas fotografías que guardáis como pequeños tesoros

15. Han pasado más de cuarenta años desde aquella primera visita al Cerro de los Ángeles. Atravesar la carretera de Andalucía no nos supuso dificultad

14. Tuvimos que enfrentarnos contra la indiferencia e incomprensión de la sociedad española de los años sesenta y setenta, nos llamaban locos

13. Mi primer contacto con una pista de atletismo en Madrid, fue en las instalaciones del SEU de la Ciudad Universitaria

10. Caminaba de pared a pared con paso tenaz, inquieto, con las manos en la espalda, la cabeza hacía delante, inmerso en sus pensamientos

8. Tuvo que pasar algún tiempo hasta que descubrí que aquel cronómetro de 1964, no funcionaba bien cuando se corría con él en la mano