sábado, 8 de septiembre de 2012

5416. Nos alojamos en un Hostal del centro, y en la primera ocasión que tuve convencí a mi tío y a mi primo para que me acompañaran a la Relojería




3. Hay enfermedades de las que no hay que tratar de curarse

En la primavera del año 1964, hice mi primer viaje a Madrid, en compañía de mi tío Ramiro, hermano de mi padre, y de su hijo, mi primo Loren.
Vinimos de turismo, eso es por lo menos lo que yo recuerdo que hicimos.
Visitamos el Escorial y el Valle de los Caídos, entre otros lugares turísticos.
Mi tío era el Secretario del Ayuntamiento de Fuente Álamo y estaba muy enterado de la realidad social de la España de los años sesenta.
Un pensamiento llevaba bastante tiempo rondándome en la cabeza, este era el de comprar un cronómetro que marcara décimas de segundo.
Cuando llegaba a mis manos un periódico y veía los resultados de las carreras, estos siempre venían reflejados en décimas.
Hubo que esperar bastantes años, hasta que los tiempos se tomaron en centésimas, con los cronógrafos digitales.
Unos meses antes de viajar a Madrid, escribí cartas a algunas relojerías de la capital, pidiéndoles información sobre cronómetros y precios. No era tarea fácil, ya que la mayoría de ellas tenían muy buen surtido en relojes, de todos los precios, pero en cronógrafos nada de nada. La generalidad no me ofreció ninguno y la que lo hizo me intentaba colocar artilugios de escasa fiabilidad.
Cuando ya casi se habían agotado mis esperanzas, recibí una carta de la Relojería Hispano Suiza, que tenía su domicilio en la Gran Vía de José Antonio (actualmente Gran Vía). Me ofrecían un modelo que se ajustaba perfectamente a lo que yo quería: lectura en décimas de segundo y además era el modelo oficial que utilizaban los jueces de la Federación de Atletismo.
También había conseguido las señas de una librería especializada en Libros de Deporte, me hacía mucha ilusión empezar a adquirir conocimientos sobre atletismo.
Nos alojamos en un Hostal del centro, y en la primera ocasión que tuve convencí a mi tío y a mi primo para que me acompañaran a la Relojería y a la Librería.
Feliz y contento estaba yo con el cronometro en el bolsillo y los libros en mi cartera, cuando al día siguiente volvíamos a Fuente Álamo.
Recuerdo que mi padre al verme tan eufórico le dijo a mi madre: hay enfermedades de las que no hay que tratar de curarse, porque solamente ellas nos protegen de otras mayores...


68. Las piernas me pesaban como el plomo. Los brazos los movía sin control. La alegría de irme solo la pagué muy cara. Ya era tarde para rectificar.

64. “El boina” nos había dicho que si no marchábamos bien nos descalificarían. El juez Arbitro Nacional Fermín Bracicorto, nos iba a controlar.

61. Al estar situado cerca de la Ciudad Universitaria y del INEF, era el lugar idóneo, cuando no queríamos bajar a la Casa de Campo.

54. El bigotes ganó la partida y el Campeonato. El premio que obtuve fue un tablero de ajedrez que habíamos comprado entre todos los participantes.

53. No quería nada más que correr frenéticamente hasta no poder más, enfrentándome a la soledad y a la reflexión del atleta que trabaja muy duro.

52. A medida que el tiempo iba pasando la fatiga aumentaba y el cansancio se apoderaba de nosotros, pero teníamos que continuar como pudiéramos.

41. Muchos rostros nos dejan una profunda huella y otros nos son totalmente indiferentes. Para mí Carlos Pérez de Guzmán fue una persona excepcional.

38. Había un jugador que me tenía realmente fascinado, este era el cubano Capablanca, que se había proclamado Campeón Mundial en el año 1921.

27. Me fui a dormir con la cabeza muy revuelta. Estaba convencido de que acaba de hacer historia, la historia de mi vida.

25. No me voy a ir de CESA, como tampoco me he ido de CASA. Me llevaré muchos agradables recuerdos que espero me acompañen durante toda mi vida.

24. Conseguimos un acercamiento que se rompió con la distancia y los nuevos compromisos y responsabilidades que yo adquirí en mi nuevo destino.

23. Seguí bajando a entrenar al SEU y al INEF, ahora con más asiduidad, porque ya me sentía parte de un grupo que me arropaba y ayudaba.

22. En la calle Barón del Solar de Fuente Álamo, mi abuelo Blas, padre de mi padre, le había dejado un trozo de bancal que tenía junto a la casa...

20. En la “cuadra del boina” estaban Pedro Molero, Adolfo Gutiérrez, Arturo Santurde, Ángel Santana, Pepe Verón (el Maño), José Luis García…

19. Que abráis vuestros álbumes y me enviéis aquellas fotografías que guardáis como pequeños tesoros.

15. Han pasado más de cuarenta años desde aquella primera visita al Cerro de los Ángeles. Atravesar la carretera de Andalucía no nos supuso dificultad.

14. Tuvimos que enfrentarnos contra la indiferencia e incomprensión de la sociedad española de los años sesenta y setenta, nos llamaban locos.

13. Mi primer contacto con una pista de atletismo en Madrid, fue en las instalaciones del SEU de la Ciudad Universitaria.

10. Caminaba de pared a pared con paso tenaz, inquieto, con las manos en la espalda, la cabeza hacía delante, inmerso en sus pensamientos.

8. Tuvo que pasar algún tiempo hasta que descubrí que aquel cronómetro de 1964, no funcionaba bien cuando se corría con él en la mano y se movían...

7. Lo veía y no podía creerlo, el cronómetro se había parado en 10 segundos y 6 décimas. El récord de España, que tenía José Luis Sánchez Paraíso...