miércoles, 26 de septiembre de 2007

BLAS. CERRO DE LOS ANGELES. 1996

6. El 24/01/1966 empecé a trabajar en CASA

El mes de octubre estaba bastante avanzado. La mañana que tenía que hacer el examen, para intentar ingresar en C. A. S. A., de Auxiliar Administrativo, me desperté muy temprano, al reflejo de las primeras luces y por las ranuras de la contraventana de hierro veía las ramas de los árboles al fondo del patio.

Allí, ocultos, estaban aquella madrugada, unos pájaros invisibles que repetían varias veces, con exactitud y con radiante felicidad unos trinos deliciosos.

Recuerdo que fui andando por el paseo que va desde la Base Aérea hasta la Estación.

En la portería de la fábrica me reuní con un grupo de chicos de aproximadamente mi edad.

La espera no se prolongó excesivamente. No eran todavía las diez, cuando un señor muy serio, con bigote, con pinta de militar, nos fue preguntando nuestros nombres. Una vez que comprobó que estábamos todos, nos dijo que le siguiéramos hasta la Escuela de Aprendices, que era donde se iba a realizar el examen. Más tarde me contaron que este hombre se llamaba Obra de Haro.

Entramos en silencio y nos sentamos en las mesas que estaban preparadas.

El señor Morales, Jefe de Personal, que fue el encargado de hacernos el examen, ya estaba allí. Caminaba de pared a pared con paso tenaz, inquieto, con las manos en la espalda, la cabeza hacía delante, inmerso en sus pensamientos, sin molestarse en mirarnos ni hacer el más mínimo gesto que indicase que se había percatado de nuestra presencia.

Una vez que terminamos nos entregaron, en Caja, un sobre de papel con unas pocas pesetas, no recuerdo cuantas, como compensación o pago de las horas que habíamos pasado en la Factoría. Nos dijeron que el que hubiera aprobado le llamarían a su casa.

Cuando salimos del examen algunos nos quedamos a tomar una cerveza, solamente una, en Casa Juan, que era un bar muy conocido y centro de reunión de los trabajadores de la zona. Hoy es un caserón en ruinas.

Mi intención era pagar mi botellín, pero he aquí que uno de mis compañeros, Bejarano, con un gesto que me pareció esplendido, se adelantó y pagó toda la ronda.

Bejarano entró a trabajar en la Sección de Mano de Obra, con Eduardo Sánchez Navas (El Cicuta).

El regreso hasta nuestros domicilios, a Getafe, lo hicimos andando, hablando del examen y valorando las posibilidades que teníamos de aprobar.

La realidad de aquel día está tan cercana aún, tan rica en mis recuerdos…


El 24/01/1966 empecé a trabajar en C. A. S. A.

Bajé a la Fábrica andando, como el día del examen. Yo vivía con mis padres en una casa alquilada en la calle San Martín de la Vega.

Entré en el Departamento de Contabilidad, siendo mi primer jefe Vicente Vegas Martín.

Recuerdo todavía, como si fuera ayer, los nombres de algunos de mis compañeros: Vicente Abril, Francisco Montero, Enrique Arroyo, Telesforo Cortés, Antonio Obra, Esteban Sanz, Salvador Martín, Leoncio García Yllana, Venancio Ovejero, Leopoldo Rodríguez, Adalberto Arroyo…

Algunas de las vivencias más importantes que tuve aquel día me resultaron muy enriquecedoras; si bien es cierto que con el paso del tiempo y después de más de cuarenta años, han quedado difuminadas en mi memoria.


Javier Tornero Pingarrón (Tornero
), realizó un tiempo de 3.54.9 en la prueba de 1.500 metros, el 05/07/1980 en Vallehermoso.

Su mejor registro en 800 metros es de 1.54.6, que hizo el 10/06/1982 en el INEF. Esta marca solamente fue superada por su compañero Mañero que hizo 1.51.1 el 15/05/1975 en Orcasitas.

martes, 25 de septiembre de 2007

Recuerdos año 2007. #Atletismo. 430. Eran las siete de la mañana, del día dos de septiembre del año 1965, cuando mi padre y yo caminábamos en silencio por la calle Barón del Solar

Mi padre me lleva en bicicleta, plaza de Fuente Álamo, año 1950


1. De Fuente Álamo a Getafe

Eran las siete de la mañana, del día dos de septiembre del año 1965, cuando mi padre y yo caminábamos en silencio por la calle Barón del Solar de Fuente Álamo, Albacete, en dirección a la Plaza del Ayuntamiento.
La mañana era fría, el verano ya podíamos considerarlo casi acabado, y una fresca brisa acariciaba nuestros rostros.
Mi padre me dijo: abrígate y cierra la boca, no vayas a resfriarte. Para él la mayoría de los males entraban por la boca, de tal manera que cuanto más tiempo la tuviera cerrada, menos peligro correría.
Unos minutos después, en la “Ontureña”, iniciamos la primera etapa de nuestro viaje, que acabaría en Albacete.
En Albacete cogimos el tren, que nos llevó hasta la estación de Atocha, de Madrid.
Una vez en la capital, ya de noche, subimos a una camioneta que la llamaban “El Adeva” y que nos dejó en nuestro punto de destino: Getafe.
Nada más poner pie en tierra nuestros pasos se dirigieron a la calle Villaverde, a una pensión donde el señor Alejandro y la señora Elena, los dueños, nos estaban esperando.
Yo había elegido Madrid, para trabajar y vivir, porque, según me habían contado, era la ciudad donde más facilidades tendría para poder desarrollar mis aptitudes deportivas. Que a mi me parecían muchas.
El deporte que me apasionaba, y por el que abandoné el pueblo, era: el Atletismo…
…Han pasado casi cuarenta y dos años y ahora, próximo a iniciar una nueva etapa en mi vida, he decidido contar en esta página, algunas de las vivencias que he tenido y que he compartido con muchos amigos.
Estoy seguro que a medida que os las vaya contando, y los recuerdos de los momentos felices que hemos pasado en el atletismo vuelvan a vuestros corazones, las personas que aludiré, y que han compartido conmigo el Club Atlético Getafe, no se quedarán quietas, participarán activamente en recordar y en volver a vivir juntos los momentos de felicidad que tuvimos.
De esta manera podremos volver a reunirnos, todos aquellos que durante tantos años hemos construido el Atletismo de Getafe.


3416. Dionisio Marín Castillo (mi tío), de Fuente Álamo, Albacete. Cabeza del Buey, Badajoz, 28/05/1937

1811. Blas García Marín, “Jurando la Bandera Española”, en el Pinar de Antequera de Valladolid, 20 de abril del año 1969

1745. En la calle Barón del Solar de Fuente Álamo, mi abuelo Blas, padre de mi padre, le había dejado un trozo de bancal que tenía junto a la casa...

1668. Blas García Marín, en la Marathon de New York City, el 06 de noviembre del año 1994

1661. En la “cuadra del boina” estaban Pedro Molero, Adolfo Gutiérrez, Arturo Santurde, Ángel Santana, Pepe Verón (el Maño), José Luis García…

1010. Pepita y Sacra Tárraga Marín, primas de Blas, en el “Mesón el Álamo”, de Fuente Álamo, Albacete, 13/06/2008

Recuerdos año 2007. #Atletismo. 430. Eran las siete de la mañana, del día dos de septiembre del año 1965, cuando mi padre y yo caminábamos en silencio por la calle Barón del Solar


Número
Nombre y apellidos
1
2
3
4
5








1818. Seguí bajando a entrenar al SEU y al INEF, ahora con más asiduidad, porque ya me sentía parte de un grupo que me arropaba y ayudaba.


-->Francisco Perela Cambronero Juan García Vicente José Verón Gormaz Alipio Mora Ávila Blas García Marín

13. Cuarenta años después seguimos reuniéndonos el día de los Santos Inocentes

El tiempo iba pasando, llegó la temporada de 1967 y Mingo no hizo nada para que el equipo de CASA se federase en Atletismo.
Así es que decidí unirme al club de Paco Perela y firmé ficha de la Federación Madrileña de Atletismo.
En el club Perelada me dieron una ayuda de 500 pesetas, para que pudiera comprar mis primeras zapatillas de clavos.
Los clavos de las deportivas eran fijos, se iban desgastando con el uso, no se parecían en nada a las excelentes zapatillas de clavos intercambiables que se utilizan ahora.
Las pumas, esta era la marca de las zapatillas, me duraron bastante. Era una gozada poder correr y sujetarse con aquellas garras que te permitían avanzar sin resbalar ni perder impulso.
Yo estaba como un niño con zapatos nuevos, cuidaba las zapatillas con un mimo exquisito. Por entonces era normal prestárselas a aquellos compañeros que no tenían. Recuerdo dejárselas a un atleta para correr un 10.000 y lo mal que me sentó que le pisaran y le hicieran un desgarrón. Ya no volví a dejarlas nunca más.
Seguí bajando a entrenar al SEU y al INEF, ahora con más asiduidad, porque ya me sentía parte de un grupo que me arropaba y ayudaba en los momentos en que el entrenamiento no me salía como a mí me hubiera gustado. Vivía con gran intensidad los momentos anteriores a empezar a entrenar. La incertidumbre de saber que nos tocaba cada día, cual era el plan que teníamos que hacer, se terminaba, con frecuencia, con una hora de carrera continua, que nos servía para recuperarnos de la paliza que nos habíamos dado en la pista el día anterior y que nos había dejado las piernas muy cascadas.
Después de entrenar volvíamos, todos juntos, andando hasta el metro de Moncloa, comentando las incidencias que habíamos tenido, pensando en la competición que teníamos que realizar el fin de semana y que, a la vista de los tiempos que habíamos realizado, debería llevarnos a mejorar nuestros registros personales.
En aquel grupo de amigos teníamos una filosofía muy particular de entender la vida y todo lo relacionado con ella. Era indudable que la reflexión metódica a la que continuamente nos entregábamos, articulaba nuestro conocimiento del atletismo, nos llevaba a conocer nuestras posibilidades y nuestros límites. Años más tarde dejarían una profunda huella en nuestro modo de ser y de hacer.
Fue muy lamentable que aquella agrupación no tuviera una larga existencia. Cada uno de nosotros tuvimos que enfrentarnos a los avatares de la vida y poco tiempo después se disgregó.
Cuarenta años después, algunos de sus componentes, seguimos reuniéndonos en un Restaurante de Madrid todos los 28 de diciembre, el día de los Santos Inocentes.
ENLACES:

1745. En la calle Barón del Solar de Fuente Álamo, mi abuelo Blas, padre de mi padre, le había dejado un trozo de bancal que tenía junto a la casa...

1339. Nuestro querido amigo Alipio Mora Ávila ha fallecido esta noche en el hospital de Getafe.

599. Presentación del libro de poemas “Las Orillas del Cielo” de José Verón Gormaz, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

0001. Paco Perela y sus hijos(atletas). Ciudad Deportiva del Real Madrid. Año 1968

0000. VI Marcha por la Senda de las Merinas ( 5/6 de abril 2008). Organizada por Ecologistas en Acción.

1745. En la calle Barón del Solar de Fuente Álamo, mi abuelo Blas, padre de mi padre, le había dejado un trozo de bancal que tenía junto a la casa...


Blas García Marín

 

12. Crescencio se encarga de hacerlo todo mucho más fácil

En mi viaje a Fuente Álamo el pasado uno de noviembre, día de Todos los Santos, tuve ocasión de acordarme de algo que mi padre me contaba…
…Hace ya mucho tiempo, él recordaba cuando era niño, allá por los años veinte (1920), cuando moría alguna persona se le avisaba a un carpintero, que había dos en el pueblo por aquellos entonces: Miguelillo y Ángel. Al que se le avisaba iba a la casa mortuoria y tomaba las medidas al cadáver y con cuatro tablas hacia un ataúd, lo forraba con tela por dentro y lo pintaba por fuera de negro si era casado, y de blanco si era soltera o soltero.
Seguidamente le ponían cuatro asas para cogerlo y colocaban las iniciales del nombre y apellidos. Se cargaba al hombro por familiares y amigos hasta la puerta de la Iglesia, donde le echaba el responso el sacerdote. Si era de familia pudiente, solía ir el sacerdote hasta la Cruz que había donde empezaba el camino del cementerio, y volvía a responsarle. Una vez en el camposanto lo metían en un hoyo, lo tapaban con tierra y a otra cosa.
Después se despedía el duelo en la puerta de familiares del muerto. A los ocho días salía, a la calle, una señora con un manto negro en la cabeza, iba de puerta en puerta, llamaba y preguntaba: ¡Ave María Purísima! y los de dentro contestaban: ¡sin pecado concebida! Entonces decía la del manto. ¿Que si podéis ir mañana a la misa de fulano, o de mengano? Y los de dentro decían: ¡si podemos iremos! Así recorría todo el pueblo.
Hoy en día los entierros y los funerales están mucho más modernizados, en todos los aspectos, pero la muerte viene siempre, aunque no se espere… Ahora, 87 años más tarde, en Fuente Álamo, Crescencio se encarga de hacerlo todo mucho más fácil.
Próxima a finalizar la primera mitad del siglo pasado, mi padre daba los últimos retoques a la casa que se estaba construyendo en la calle Barón del Solar de Fuente Álamo. Mi abuelo Blas, padre de mi padre, le había dejado un trozo de bancal que tenía junto a la casa donde vivían mis otros abuelos, los padres de mi madre, Ezequiel y Josefa.
A mi madre le había dado su abuela Adelaida, mi bisabuela, 500 pesetas para que construyera la casa. También mi abuela Serafina les dio algo de dinero para que empezaran.
Así es que el año 1950 me fui con mis padres a nuestra nueva casa. El 29 de octubre de aquel mismo año nació mi hermana Serafina. Yo acababa de cumplir tres años y medio.
Mi padre era capaz de abordar un tema complejo y reconducirlo a sus aspectos esenciales, sin caer en simplificaciones. Tal vez fue esa permanente inquietud que él tenía lo que le convirtió, para mí, en un guía fiable, en un magnífico orientador deportivo y en un excelente referente...

10673. #Poesía. Eduardo Scala fue el poeta invitado en el Ciclo Encuentros celebrado en el “Auditorio del Centro de Poesía José Hierro” de Getafe (Madrid)

1661. En la “cuadra del boina” estaban Pedro Molero, Adolfo Gutiérrez, Arturo Santurde, Ángel Santana, Pepe Verón (el Maño), José Luis García…

1314. Que abráis vuestros álbumes y me enviéis aquellas fotografías que guardáis como pequeños tesoros, para que podamos volver a vivir aquellos...

1200. Han pasado más de cuarenta años desde aquella primera visita al Cerro de los Ángeles. Cuando me encuentro con algunos de mis compañeros de...

1124. Tuvimos que enfrentarnos contra la indiferencia e incomprensión de la sociedad española de los años sesenta y setenta. Nos llamaban locos...

5682. En la “cuadra del boina” estaban Pedro Molero, Adolfo Gutiérrez, Arturo Santurde, Ángel Santana, Pepe Verón (el Maño), José Luis García…

Blas y José Luis

Foto: Alheazer

11. Aprendí a relativizar las cosas

Todavía no estaba recuperado del esfuerzo que había hecho en la carrera de 1500 metros, cuando se me acercó Juan García Vicente para preguntarme que tal estaba, como me sentía después de aquella zurra que me había dado en las cinco vueltas. La cuerda de la pista del SEU era de 300 metros.
Le dije que no estaba demasiado mal, que ya iba conociendo, pero que la carrera se me había hecho eterna.
Me comentó que, según me había visto, creía que yo debería correr distancias más cortas, que quizás el 800 se me diese mejor.
A Juan le conocí el primer día que entrené en aquellas mismas instalaciones, y habíamos seguido viéndonos los días que yo bajaba a la Ciudad Universitaria.
Tomé nota de la recomendación que me hacía y le aseguré que intentaría hacerme un 800 en cuanto lo programaran.
Por aquellos años, los atletas teníamos muchas oportunidades de competir, se programaban muchos controles FAM, que así eran como los llamaban. Esto era posible porque los jueces no cobraban, o cobraban muy poco, por dedicar su tiempo a controlarnos, ya que se divertían tanto como nosotros, se alegraban de nuestra superación, eran nuestros amigos.
Juan me propuso que para la temporada siguiente fichara por el Club Perelada, ya que aquel año de 1966 tendría que seguir como independiente hasta el 31 de octubre.
Le conté que me lo tendría que pensar, pero que creía que no iba a ser posible, ya que en mi empresa, querían que hiciéramos equipo y que nos federáramos.
Esto era lo que me había prometido Mingo, el responsable de deportes de CASA.
Me presentó a Ángel Santana, que me invitó a venir algún día a entrenar con ellos a Madrid.
Le manifesté que sí me gustaría, pero que salía de trabajar muy tarde, a las 17,36, y que ya no era hora de coger la camioneta.
Que en cuanto tuviera la jornada intensiva, cuando solamente trabajara por las mañanas, es posible que fuera algún día. Más adelante compartí con ellos muy buenos entrenamientos.
Así fue como empecé a hacer amistad con un grupo de jóvenes, la mayoría estudiantes universitarios, que entrenaban en el SEU con Jesús Arlanzón Revilla, que además también era atleta.
En la “cuadra del boina” estaban Pedro Molero, Adolfo Gutiérrez, Arturo Santurde, Ángel Santana, Pepe Verón (el Maño), José Luis García… y otros que, aunque recuerdo sus caras, no soy capaz de acordarme de sus nombres. Unos estaban en el Club Marathón y otros en Perelada.
A Arlanzón le apodaban “el boina” porque cuando iba vestido de calle siempre llevaba puesta una chapela. Esta prenda, que yo también utilicé, era bastante transgresora en los años sesenta y con su uso queríamos exteriorizar nuestro descontento.
El pasado viernes asistí, en el Rectorado de la Universidad de Alcalá de Henares, a la Graduación, en Ciencias Ambientales, de mi hija Nieves.
Al recorrer con mí mirada las caras de los 55 jóvenes que esperaban concentrados y nerviosos a que sus nombres fueran pronunciados, no pude evitar un estremecimiento de emoción, que me trasladó a otra época ya muy lejana para mí en la ciudad donde nació Cervantes.
Hace ya bastante tiempo que aprendí a relativizar las cosas, mis recuerdos forman parte de la historia de mi vida, pero en estos momentos cruciales de mi existencia hay ciertos proyectos que me resultan muy seductores.
ENLACES:

73. He corrido durante veinticuatro minutos, a ritmo de un debutante, pero para ser el primer día, después de tanto descanso, ha sido suficiente

72. Cuenta mi padre, que se daban una buena tunda de correazos, volvían a sus casas calentitos, aunque siempre había que procurar dar y que no te dieran

71. Subía ella por la Plaza del Ayuntamiento, con su capazo de ropa apoyado en la cabeza. El agua le bajaba por la cara, empapándole la camiseta

70. A mi abuela Serafina el trabajo se le acumulaba y no llegaba a tiempo de atender a sus diez hijos varones.

69. Pidieron reunirse con Pedro de la Cruz, el Juez Árbitro, para proponerle que se cambiara la salida, que se corriera a favor del viento.

68. Las piernas me pesaban como el plomo. Los brazos los movía sin control. La alegría de irme solo la pagué muy cara. Ya era tarde para rectificar.

64. “El boina” nos había dicho que si no marchábamos bien nos descalificarían. El juez Arbitro Nacional Fermín Bracicorto, nos iba a controlar.

61. Al estar situado cerca de la Ciudad Universitaria y del INEF, era el lugar idóneo, cuando no queríamos bajar a la Casa de Campo.

54. El bigotes ganó la partida y el Campeonato. El premio que obtuve fue un tablero de ajedrez que habíamos comprado entre todos los participantes.

53. No quería nada más que correr frenéticamente hasta no poder más, enfrentándome a la soledad y a la reflexión del atleta que trabaja muy duro.

52. A medida que el tiempo iba pasando la fatiga aumentaba y el cansancio se apoderaba de nosotros, pero teníamos que continuar como pudiéramos.

41. Muchos rostros nos dejan una profunda huella y otros nos son totalmente indiferentes. Para mí Carlos Pérez de Guzmán fue una persona excepcional.

38. Había un jugador que me tenía realmente fascinado, este era el cubano Capablanca, que se había proclamado Campeón Mundial en el año 1921.

27. Me fui a dormir con la cabeza muy revuelta. Estaba convencido de que acaba de hacer historia, la historia de mi vida.

25. No me voy a ir de CESA, como tampoco me he ido de CASA. Me llevaré muchos agradables recuerdos que espero me acompañen durante toda mi vida.

24. Conseguimos un acercamiento que se rompió con la distancia y los nuevos compromisos y responsabilidades que yo adquirí en mi nuevo destino.

23. Seguí bajando a entrenar al SEU y al INEF, ahora con más asiduidad, porque ya me sentía parte de un grupo que me arropaba y ayudaba.

22. En la calle Barón del Solar de Fuente Álamo, mi abuelo Blas, padre de mi padre, le había dejado un trozo de bancal que tenía junto a la casa...

19. Que abráis vuestros álbumes y me enviéis aquellas fotografías que guardáis como pequeños tesoros.

15. Han pasado más de cuarenta años desde aquella primera visita al Cerro de los Ángeles. Atravesar la carretera de Andalucía no nos supuso dificultad.

14. Tuvimos que enfrentarnos contra la indiferencia e incomprensión de la sociedad española de los años sesenta y setenta, nos llamaban locos.

13. Mi primer contacto con una pista de atletismo en Madrid, fue en las instalaciones del SEU de la Ciudad Universitaria.

10. Caminaba de pared a pared con paso tenaz, inquieto, con las manos en la espalda, la cabeza hacía delante, inmerso en sus pensamientos.

8. Tuvo que pasar algún tiempo hasta que descubrí que aquel cronómetro de 1964, no funcionaba bien cuando se corría con él en la mano y se movían...

7. Lo veía y no podía creerlo, el cronómetro se había parado en 10 segundos y 6 décimas. El récord de España, que tenía José Luis Sánchez Paraíso...

6. Nos alojamos en un Hostal del centro, y en la primera ocasión que tuve convencí a mi tío y a mi primo para que me acompañaran a la Relojería.

4. Dejé, encima de la cama, la maleta de madera, que cuatro años antes me había hecho el carpintero de mi pueblo, para viajar a Barcelona.

1. Eran las siete de la mañana, del día dos de septiembre del año 1965, cuando mi padre y yo caminábamos en silencio por la calle Barón del Solar.

1200. Han pasado más de cuarenta años desde aquella primera visita al Cerro de los Ángeles. Cuando me encuentro con algunos de mis compañeros de...


Blas en el Cerro de los Ángeles

9. El Cerro ha sido y es un lugar de entrenamiento emblemático

Aquel sábado del año 1966 parece que por fin se iba a cumplir uno de los deseos que yo tenía y que más me ilusionaba: conocer El Cerro de los Ángeles.
Fuimos andando por un paseo paralelo a la Base Aérea, que nos llevaba a la Estación Larga, o de Alicante, que así la llamaban. La carretera estaba cubierta de adoquines.
Los automóviles que circulaban aquella mañana no eran muy numerosos. Tenían que detenerse un buen rato en el paso a nivel con barreras que había junto a CASA, esperando a que pasara el tren. Nosotros, los peatones, cruzábamos las vías con mucho cuidado.
Atravesar la carretera de Andalucía no nos supuso mucha dificultad.
Cuando llegué al Cerro, pude comprobar que los vehículos aparcaban a ambos lados de la carretera que subía a la Ermita, donde moraba la imagen de la Virgen de Los Ángeles.
Los pinos no estaban muy crecidos, y todo el perímetro lo protegía una alambrada que impedía el paso.
Años más tarde me contó Manolo Solís, que la última repoblación del pinar se hizo a principios de los años cincuenta y que él y sus amigos participaron muy activamente en la plantación.
El Cerro ha sido y es un lugar de entrenamiento emblemático para todos los atletas de Getafe.
Durante más de cuatro décadas hemos disfrutado de un pulmón de oxigeno excepcional, que nos ha permitido, en un entorno maravilloso, conseguir la forma necesaria para poder competir en multitud de pruebas, tanto a nivel local, como provincial, nacional o internacional.
Conocí a un grupo de jóvenes que se tomaban el atletismo muy en serio. Jesús Fernández Vieira, Jesús Coronel Franco y Román Morales Soto. Ellos serian unos años más tarde los que me apoyarían en la idea de fundar el club Atlético Getafe.
Pocos días después de mi primera visita al Cerro empezamos a ir a entrenar. Quedábamos a las seis de la tarde, después de salir del trabajo.
Tuvimos que hacer una abertura en la alambrada, para poder introducir la moto que yo llevaba, una Lambreta, y las bicicletas de mis amigos.
Han pasado más de cuarenta años desde aquella primera visita al Cerro de los Ángeles. Cuando me encuentro con algunos de mis compañeros de entonces, que todavía siguen corriendo, advierto en sus caras las marcas de la edad, pero todavía conservan la envergadura ligera y enjuta de alguien mucho más joven.
Tuvimos que buscar caminos por donde pudiéramos transitar sin que peligrara nuestra integridad física.
Un fino velo de melancolía soñadora, una espesa niebla sentimental, de emociones secretas se está apoderando hoy de mí…
El contacto con la naturaleza potenció nuestras capacidades. Nos encaminó al descubrimiento de unos sólidos y bien estructurados impulsos reflexivos que todavía hoy permanecen, y que el paso del tiempo no ha sido capaz de borrar.
La naturaleza me encanta, es el último refugio y al estar en contacto con ella conseguimos equilibrio y vigor.
Lo lamentable es que en este mundo globalizado apenas se le preste atención.
ENLACES:

1124. Tuvimos que enfrentarnos contra la indiferencia e incomprensión de la sociedad española de los años sesenta y setenta. Nos llamaban locos...

1108. Levanté la mano para saludarles y continué mi camino de la mejor manera que pude, pensando que no hace tanto tiempo yo también rodaba como ellos.

1098. He corrido durante veinticuatro minutos, a ritmo de un debutante, pero para ser el primer día, después de tanto descanso, ha sido suficiente.

1057. Mi primer contacto con una pista de atletismo en Madrid, fue en las instalaciones del SEU de la Ciudad Universitaria. Esta tenía 300 metros...

1004. Caminaba de pared a pared con paso tenaz, inquieto, con las manos en la espalda, la cabeza hacía delante, inmerso en sus pensamientos, sin...

940. Tuvo que pasar algún tiempo hasta que descubrí que aquel cronómetro de 1964, no funcionaba bien cuando se corría con él en la mano y se movían...

1124. Tuvimos que enfrentarnos contra la indiferencia e incomprensión de la sociedad española de los años sesenta y setenta. Nos llamaban locos...


Blas entrenando en el Cerro de los Ángeles

8. Éramos jóvenes que andábamos buscando algo más

José García Fernández (el señor García), era una persona muy influyente en CASA. Era el hombre de confianza del INI. Tenía, en la empresa, más poder que el director y entre sus aficiones se encontraba una gran pasión por el atletismo.
El responsable del deporte era José Mingo Guerrero (Mingo), que también estaba muy interesado en cuidar la imagen atlética de los alumnos de la Escuela de Aprendices, a los que daba clases de gimnasia y hacía correr todos los días.
Al iniciar mi actividad laboral en CASA cerca de estas dos personas (el señor García y Mingo), se me facilitó durante algún tiempo la posibilidad de poder acudir a entrenar durante mi jornada de trabajo, a las instalaciones deportivas donde asistían a dar sus clases los jóvenes aprendices.
Todos los días a las 10,30 me ausentaba del trabajo, me iba a entrenar y volvía a la oficina a las 11,30. Como el “manda más” me lo permitía y aunque a mis jefes no les parecía bien no les quedaba más remedio que aceptarlo, en contra de su voluntad; que era que yo me quedase trabajando.
La pista de atletismo, donde entrenábamos, estaba cubierta de carbonilla, se corría con bastante dificultad y mientras no te caías todo iba bien. Pero si tenías la mala suerte de dar con tus huesos en el suelo, que no era nada raro, debido a las irregularidades del terreno, ya podías estar contento si no salías despellejado por el contacto con el cisco.
El entrenamiento consistía en dar vueltas a la pista y a las canteras, que así se denominaba el terreno donde se encontraba la zona deportiva.
Las canteras estaban siempre con agua de lluvia, que no desaparecía en todo el año.
Recuerdo que hice un descubrimiento que me llamó mucho la atención. Fue ver corriendo por la pista a un chico de unos quince años, con una piedra que sujetaba con las manos a la altura del pecho.
Este método lo utilizaba el profesor para corregir la tendencia que tenía el joven a correr inclinándose hacía atrás. Era un procedimiento de entrenar surrealista que había que acatar, ya que por entonces no se podía protestar, y además parece que no le debía ir muy mal, debido a lo mucho que corría Jesús Coronel, cuando no llevaba la piedra en las manos. Tenía excelentes facultades físicas.
Ante mis ojos van desfilando como excelentes retratos, los nombres de una serie de personas empeñadas en intentar descubrir y desvelar como debería ser un ser humano libre. Éramos jóvenes que andábamos buscando algo más. Nos unía nuestro amor al atletismo.
Tuvimos que enfrentarnos contra la indiferencia e incomprensión de la sociedad española de los años sesenta y setenta. Nos llamaban locos. Que nos fuéramos a trabajar y nos dejáramos de tanto correr. Las personas que nos criticaban, ignoraban que para nosotros el correr era una actividad lúdica, que realizábamos al margen de nuestra jornada laboral, y que aquellos chiflados, como nos calificaban, ya habían realizado aquel día un trabajo de al menos ocho horas.
Yo creía que la dureza, la intolerancia y la intransigencia con la que nos trataba aquella sociedad y las dudas y las sombras que se abatían sobre nosotros los atletas, si perseverábamos nos traerían la luz suficiente para encontrar el camino donde podríamos dar rienda suelta a nuestras ilusiones.
ENLACES:

1108. Levanté la mano para saludarles y continué mi camino de la mejor manera que pude, pensando que no hace tanto tiempo yo también rodaba como ellos.

1098. He corrido durante veinticuatro minutos, a ritmo de un debutante, pero para ser el primer día, después de tanto descanso, ha sido suficiente.

1057. Mi primer contacto con una pista de atletismo en Madrid, fue en las instalaciones del SEU de la Ciudad Universitaria. Esta tenía 300 metros...

1004. Caminaba de pared a pared con paso tenaz, inquieto, con las manos en la espalda, la cabeza hacía delante, inmerso en sus pensamientos, sin...

940. Tuvo que pasar algún tiempo hasta que descubrí que aquel cronómetro de 1964, no funcionaba bien cuando se corría con él en la mano y se movían...

1004. Caminaba de pared a pared con paso tenaz, inquieto, con las manos en la espalda, la cabeza hacía delante, inmerso en sus pensamientos, sin...


6. El 24/01/1966 empecé a trabajar en CASA

El mes de octubre estaba bastante avanzado. La mañana que tenía que hacer el examen, para intentar ingresar en C. A. S. A., de Auxiliar Administrativo, me desperté muy temprano, al reflejo de las primeras luces y por las ranuras de la contraventana de hierro veía las ramas de los árboles al fondo del patio.
Allí, ocultos, estaban aquella madrugada, unos pájaros invisibles que repetían varias veces, con exactitud y con radiante felicidad unos trinos deliciosos.
Recuerdo que fui andando por el paseo que va desde la Base Aérea hasta la Estación.
En la portería de la fábrica me reuní con un grupo de chicos de aproximadamente mi edad.
La espera no se prolongó excesivamente. No eran todavía las diez, cuando un señor muy serio, con bigote, con pinta de militar, nos fue preguntando nuestros nombres. Una vez que comprobó que estábamos todos, nos dijo que le siguiéramos hasta la Escuela de Aprendices, que era donde se iba a realizar el examen. Más tarde me contaron que este hombre se llamaba Obra de Haro.
Entramos en silencio y nos sentamos en las mesas que estaban preparadas.
El señor Morales, Jefe de Personal, que fue el encargado de hacernos el examen, ya estaba allí. Caminaba de pared a pared con paso tenaz, inquieto, con las manos en la espalda, la cabeza hacía delante, inmerso en sus pensamientos, sin molestarse en mirarnos ni hacer el más mínimo gesto que indicase que se había percatado de nuestra presencia.
Una vez que terminamos nos entregaron, en Caja, un sobre de papel con unas pocas pesetas, no recuerdo cuantas, como compensación o pago de las horas que habíamos pasado en la Factoría. Nos dijeron que el que hubiera aprobado le llamarían a su casa.
Cuando salimos del examen algunos nos quedamos a tomar una cerveza, solamente una, en Casa Juan, que era un bar muy conocido y centro de reunión de los trabajadores de la zona. Hoy es un caserón en ruinas.
Mi intención era pagar mi botellín, pero he aquí que uno de mis compañeros, Bejarano, con un gesto que me pareció esplendido, se adelantó y pagó toda la ronda.
Bejarano entró a trabajar en la Sección de Mano de Obra, con Eduardo Sánchez Navas (El Cicuta).
El regreso hasta nuestros domicilios, a Getafe, lo hicimos andando, hablando del examen y valorando las posibilidades que teníamos de aprobar.
La realidad de aquel día está tan cercana aún, tan rica en mis recuerdos…

El 24/01/1966 empecé a trabajar en C. A. S. A.
Bajé a la Fábrica andando, como el día del examen. Yo vivía con mis padres en una casa alquilada en la calle San Martín de la Vega.
Entré en el Departamento de Contabilidad, siendo mi primer jefe Vicente Vegas Martín.
Recuerdo todavía, como si fuera ayer, los nombres de algunos de mis compañeros: Vicente Abril, Francisco Montero, Enrique Arroyo, Telesforo Cortés, Antonio Obra, Esteban Sanz, Salvador Martín, Leoncio García Yllana, Venancio Ovejero, Leopoldo Rodríguez, Adalberto Arroyo…
Algunas de las vivencias más importantes que tuve aquel día me resultaron muy enriquecedoras; si bien es cierto que con el paso del tiempo y después de más de cuarenta años, han quedado difuminadas en mi memoria.

Javier Tornero Pingarrón (Tornero
), realizó un tiempo de 3.54.9 en la prueba de 1.500 metros, el 05/07/1980 en Vallehermoso.
Su mejor registro en 800 metros es de 1.54.6, que hizo el 10/06/1982 en el INEF. Esta marca solamente fue superada por su compañero Mañero que hizo 1.51.1 el 15/05/1975 en Orcasitas.
ENLACES:

940. Tuvo que pasar algún tiempo hasta que descubrí que aquel cronómetro de 1964, no funcionaba bien cuando se corría con él en la mano y se movían...

772. Lo veía y no podía creerlo, el cronómetro se había parado en 10 segundos y 6 décimas. El record de España, que tenía José Luis Sánchez Paraíso...

645. Nos alojamos en un Hostal del centro, y en la primera ocasión que tuve convencí a mi tío y a mi primo para que me acompañaran a la Relojería.

551. Dejé, encima de la cama, la maleta de madera, que cuatro años antes me había hecho el carpintero de mi pueblo, para viajar a Barcelona.

430. Eran las siete de la mañana, del día dos de septiembre del año 1965, cuando mi padre y yo caminábamos en silencio por la calle Barón del Solar.